lunes, 5 de junio de 2023

Avísame si le vamos a echar ganas…

Cuando somos jóvenes el mundo es nuestro parque de diversiones. Tenemos un corazón y un cuerpo fresco, dispuestos a todo. Sin miedos, sin peligros, sin consecuencias. Lo que será, será. No es hasta que das la vuelta a los 30s que empiezan a haber repercusiones. Comienzas a cuestionarte absolutamente todo. Te das cuenta que “sin peligros, sin consecuencias” no existe. Porque cada paso que has dado, cada relación, cada encuentro y cada intercambio, dejaron una marca en ti. Aunque sea pequeñita. Lecciones aprendidas, momentos buenos y malos. Corazones rotos y heridas que sanar. En ese momento se vuelve todo más difícil. La vida sin reglas, de lanzarse con todo, se convierte en horas de sobre pensar y listas interminables de requisitos.

Y está todo bien. A esta edad te das cuenta que el tiempo, y la vida en general, no es un recurso que puedas perder por un capricho. Lo sano es tener límites, no negociables y tener claro qué es lo que quieres. Y, mientras navegamos la adultez en un mundo digital post pandemia, creado para mentes más jóvenes, hay cosas que he aprendido que quiero compartir.

No hace falta decir que la pandemia revolucionó por completo nuestra forma de ver las cosas. El no poder salir de casa, nos volvió adictos al uso del teléfono para conocer personas. Las redes sociales y dating apps se volvieron nuestras aliadas. Todo esto, sumado a la inseguridad que vivimos en el tercer mundo, ha creado un mundo nuevo de reglas arbitrarias que, más que facilitarnos la vida, nos la complica más.

“Nadie está tan ocupado que no puede tomarse dos minutos para responder un mensaje”. He leído esa frase incontables veces. La manera en que nos comunicamos por mensajes ha sido tomada como piedra angular de nuestras relaciones. Lo cual es bastante disfuncional. Primero porque los mensajes no tienen tono y están abiertos a la interpretación de quien los lee. Un simple diálogo o interrogante, escrito por alguien con la única intención de establecer un punto, puede terminar del otro lado con un “no me retes”. Entiendo que, en términos generales, no estamos acostumbrados a una comunicación abierta de nuestras necesidades (y que somos susceptibles a nuestras propias inseguridades y experiencias pasadas), pero eso no significa que toda discusión sea pelea o tenga un tono agresivo.

Personalmente, este tema de los mensajes me saca de quicio. Porque soy una mujer muy directa y abierta con lo que quiero decir, y con lo que siento. Por eso mis mensajes no se van por las ramas. Digo exactamente lo que tiene que ser dicho, sin ningún tono de conflicto de por medio. Pero, como no estamos acostumbrados a la comunicación abierta, sino más bien al “no me pasa nada”, la persona al otro lado del teléfono piensa que estoy molesta. Y debo comenzar a reafirmar que no estoy molesta, solo estoy compartiendo cómo me siento con la situación. Si estuviera molesta, mis mensajes tendrían un tono completamente diferente y te darías cuenta, CRÉEME. Me da hueva tener que explicar que discusión y pelea no son lo mismo. Que hablar abiertamente de las cosas, no es reclamo. Que es simplemente una apertura al diálogo, el aireo de mis dudas y la exposición de mis límites.

No soy una persona complicada porque he aprendido a reconocer mis demonios y soy capaz de hablar de ellos abiertamente. Lo que digo es exactamente lo que pienso, sin planes ocultos. Sin juegos. Estoy muy vieja para andar pensando en mindgames para atraer a alguien. Lo que ves es lo que hay. Si te gusta, bien. Si no, también. Y así mismo tengo bien claro lo que quiero y prefiero mil veces estar sola y tranquila, a estar con alguien que no cumple siquiera con el mínimo esfuerzo.

Lo que me lleva nuevamente al teléfono. Tenemos esta noción de que una relación sana son dos personas pegadas al teléfono 24/7. Y cuando no tenemos eso, pensamos que es por falta de interés. Lo único que me da a entender eso es que tenemos unas dependencias bastante tóxicas que no hemos podido superar. Y me incluyo porque yo pensaba exactamente lo mismo. Siendo muy sincera, aún me causa cierta ansiedad esperar un mensaje o una llamada. Es en lo que estoy trabajando, internamente, actualmente.

Hace poco me encontré con un podcast que me ha ayudado muchísimo en este tema. Y he aprendido que, primero que nada, la comunicación por mensajes no es orgánica. El chat es un lugar que te permite escoger cada respuesta según lo que crees que la otra persona quiere. No puedes conocer realmente a una persona por medio de mensajes. Porque también, again, los mensajes no tienen tono. Y tú proyectas, en tu mente, cómo crees que se escucha ese mensaje y te haces ideas que, probablemente, no son las correctas. Más allá de eso, el hecho de estar junto al teléfono todo el día esperando un mensaje es una actividad que, a más que causarte ansiedad, es una pérdida de tiempo. Quien dijo que el texting era la nueva forma de conocer a alguien was seriously disturbed. Los mensajes deben ser únicamente para descubrir puntos en común y hacer planes. ¿De qué sirve estar meses hablando por mensajes con alguien, si cuando l@ conoces no hay química? ¿O te das cuenta que realmente no era como pensabas que era? Son meses que perdiste hablando con alguien, estresándote, pensando en el potencial, cuando podías estar, no sé… VIVIENDO TU VIDA.

Lo que me lleva al siguiente punto. ¿Quién se inventó que cuando sales con alguien no puedes salir/conocer a nadie más? El dating pool no se cierra hasta que, de mutuo acuerdo, dos personas deciden ser exclusivos. Y, ni siquiera ahí, es una relación seria. Esa es otra conversación separada. La de: ¿Qué queremos a futuro? O ¿Qué queremos construir juntos? Que sí, estas conversaciones se pueden dar muy pronto, como mucho después. Eso no está escrito en piedra. Cada persona, cada relación es un mundo. Y el tiempo, como la conexión, son relativos. *PAUSA PARA ACLARACIÓN: Salir/conocer a alguien, NO quiere decir NECESARIAMENTE tener sexo con esa persona. SEGUIMOS* Cada cual elige cómo vivir su vida. Pero no nos obsesionemos con cosas que están dentro de un dispositivo.

Ahora. “Nadie está tan ocupado para bla bla bla”. Ok, es verdad. Existen momentos del día en que tenemos dos minutos para mandar un mensaje: “¿Cómo va tu día? ¿Cómo estás? ¿Todo bien?”. Pero también hay días en que, independientemente del trabajo y las obligaciones cotidianas, simplemente NO TENEMOS LAS GANAS de tener toda una conversación filosófica POR MENSAJES. “Es que te vi conectad@ en Instagram y no me respondes los mensajes”. Podemos estar en redes sociales simplemente viendo contenido basura, o aprendiendo algo, ¿quién sabe? Son actividades que no necesitan mucha atención. Una conversación con alguien sí merece la atención. Y, a veces, simplemente no estamos en el estado mental para eso. Es completamente normal. El agotamiento mental es peor que el físico. No me jodan, no quiero saber de nadie. Solo quiero ver videos de perritos haciendo travesuras. AAAGGGHHHHHH.

Pero no perdamos de vista algo importante. La falta de respuesta SÍ puede ser falta de interés si va acompañada de la total falta de diligencia. O sea, no hay intenciones de hacer planes, o hacen planes y te cancelan. O, simplemente, no le interesa hacer cosas contigo. Ahí sí, mijes, dejen así. He’s just not that into you la película (sin final feliz). Lo mejor es… NEXT! Prefiero cortarme una teta a seguir “intentando” con alguien que no es serio o que no sabe lo que quiere.

Para terminar, quiero compartir algo super importante cuando estás saliendo/conociendo a alguien: no se trata tanto de lo que sientes tú por esa persona, sino más bien de cómo te sientes cuando estás con él/ella. Meaning puede ser que sientas que es la mejor persona del mundo, que tengan química, que bese riquísimo, que sientas que tiene gran potencial, es un buen hombre/mujer. Pero de nada sirve si, cuando están juntos, sientes que no puedes ser tú mism@, o que tienes que cambiar algo. No te sientes segur@, sientes ansiedad. La persona que sea para ti te hará sentir en casa, nunca te pondrá en peligro y las cosas fluirán de manera sencilla. Te sentirás segur@ de ti mism@ y no tendrás dudas de ello. CRÉ E ME.

El mejor consejo que les puedo dar es, no se estresen. En el momento que sientan ansiedad por cualquier razón, deténganse y piensen: ¿cuál es la narrativa que he creado en mi cabeza sobre esta situación que me crea ansiedad? ¿Cuáles son los hechos que respaldan esa narrativa? HECHOS, no asuman nada. Piensen ¿qué de todo es cierto y qué está siento creado únicamente por nuestra mente en función de nuestros propios miedos? Y así, en calma, decidan: ¿Vale la pena? Hagan un examen de consciencia. ¿Somos nosotros que idealizamos o es la otra persona que, REALMENTE, está valiendo verga? Hagan listas de pros y contras. Escriban cómo se sienten. Plasmen en papel esa narrativa. Analicen y, luego, dejen ir. Los miedos, las dudas, los traumas del pasado. Y, por favor, no sigan donde no son felices solo por no estar solos.

Y apliquen la honestidad desde el principio. Avísame si vamos a echarle ganas porque si no, tengo cosas que hacer. Thank you very much.

Avísame si le vamos a echar ganas…

Cuando somos jóvenes el mundo es nuestro parque de diversiones. Tenemos un corazón y un cuerpo fresco, dispuestos a todo. Sin miedos, sin pe...