¿Tuviste padres que trabajaban mucho y cuando llegaban a casa estaban demasiado cansados para prestarte atención? ¿Fuiste criado con “mano dura”, exigiéndote estándares casi imposibles de alcanzar? ¿Alguna vez te dijeron que, en vez de llorar o estresarte, te calmes y sigas adelante? ¿Viste a tus padres en un matrimonio donde no se expresaba emociones o pensamientos libremente? ¿Leíste esto con una voz de infomercial de tventas? ¡Felicidades! Bienvenido a la adultez llena de traumas de la infancia.
Mucha gente piensa que el término “trauma” siempre es indicador de algún
evento extremadamente doloroso, imprevisto, destructivo. Tanto como un abuso
sexual, infidelidad, divorcio, la muerte de algún familiar, etc., etc. Lo que
no sabemos, comúnmente, es que cualquier acción puede generar un trauma en un
niño. Porque no se trata realmente de la acción, sino de cómo lo vivió y sintió,
ese niño, en su momento. Crecimos con muchas cosas a nuestro alrededor que eran
consideradas buenas costumbres o good parenting, porque así se
habían hecho las cosas siempre. No es sino hasta ahora, que la investigación ha
avanzado tanto, que podemos ver que muchas de las conductas que considerábamos “normales”,
pudieron ser la base de cómo concebimos nuestra personalidad y nuestras propias
costumbres como adultos.
Voy a aterrizar todo esto a mi propia experiencia. Crecí en una familia
acomodada, con dos padres que trabajaban constantemente. Mi padre era muy
exigente conmigo. Siempre tuve buenas notas, hice mi mejor esfuerzo, incluso
llegué a ser escolta del pabellón nacional. Gané una medalla de la filantrópica
por rendimiento académico. Cuando empecé la adolescencia se creó un muro entre
mis padres y yo. Tenía muchas emociones a flor de piel, además de pensamientos
recurrentes de que nadie me quería, ni me prestaba atención. Lo cual, desde mi
perspectiva, era cierto porque mis padres casi nunca estaban en casa. Y cuando
estaban, yo no sentía que era un lugar seguro para expresarme o para actuar
como quería actuar. Siempre he sido muy expresiva, muy apasionada, en todo
ámbito de mi vida, lo cual era imposible en mi casa, porque esa pasión era
catalogada como drama. Llorar era un drama. Sentirse mal era un drama. Llegó un
momento en que mis padres dejaron de ser afectivos físicamente conmigo y yo
aprendí a guardarme los dramas para mí misma. Yo seguía haciendo cosas para que
ellos estuvieran orgullosos de mí. Participaba en concursos, algunas veces salí
en el periódico por los mismos. Escribía, declamaba, debatía. Aún así nunca
pude estar a la altura de sus estándares. Las palabras que tanto necesitaba
escuchar “estamos orgullosos de ti”, “te queremos tal cual como eres”, nunca
fueron parte de mi niñez o adolescencia. Sí escuché alguna vez “tú eres como tirarles
perlas a los cerdos” tho.
Ahora soy una adulta con miedo a tomar decisiones y a expresar cariño. Tuve
un apego ansioso que me hacía joder tanto a mis parejas para que me demuestren
afecto por el miedo a ser abandonada. Además me escondo tras una pared gigante
de desapego porque tengo miedo de que “me vean la cara”. Y aún así, también me
doy a la tarea de autosabotear mis relaciones cuando todo va bien porque lo
único que conozco como “normal” es el caos. Soy una joyita :D
Técnicamente mis padres no hicieron nada mal. Y este post no se trata de
buscar a quién culpar de nuestras actitudes de mierda. Se trata de reconocer y
hacernos cargo de lo que tenemos dentro y comenzar a ser nuestros propios
padres. Seguramente no habrán escuchado o leído esto nunca. Aunque estoy segura
que el término “niño interno” sí lo reconocerán. Pues de eso hablaremos hoy de
reconocer qué le hace falta a nuestr@ niñ@ intern@ y comenzar el “reparenting”. (No encuentro las
palabras correctas para definirlo en español, pero sería algo así como volver a
ser los padres de ese niño interno y darle lo que hubiéramos necesitado cuando
existía físicamente.)
No es ningún secreto que las relaciones con nuestros padres forman nuestro
carácter para toda la vida. Así que basta con ver nuestros patrones en la
adultez para aprender a reconocer what went wrong y cambiarlo para poder
vivir en paz lo poco o mucho que nos queda. Mejorar nuestras relaciones
interpersonales y, simplemente, amar la vida y a nosotros mismos. Éste no es un
proceso de un día para otro. El sanar, el mejorar, es un proceso cíclico. Habrá
altas y bajas. No siempre será fácil y, lo más probable, es que sea muy muy
doloroso. Por eso es que les recomiendo que busquen un profesional de la salud
que los ayude con este proceso. YO NO SOY PSICÓLOGA, PSIQUIATRA, COACH
MOTIVACIONAL, no estoy capacitada para ayudarlos más que para contarles mi
propia experiencia. Tratar de relacionar lo que he aprendido con lo que vivimos
diariamente y explicar, desde mi experiencia y perspectiva, qué es qué.
Creo que much@s nos hemos encontrado, en algún punto de nuestras vidas,
preguntándonos ¿por qué siempre atraigo el mismo tipo de hptas? ¿No? Esto pasa
porque la pareja que atraes es un espejo de cómo fue tu infancia. Atraemos las
situaciones que hemos aprendido a lidiar desde que somos pequeños. Ya sea con
mecanismos de defensa sanos o no. Atraemos situaciones con las que nos sentimos
cómodos. Porque ya estamos acostumbrados inconscientemente. Comencemos hablando
de los tipos de traumas que podemos experimentar (más allá de los obvios que
todo el mundo sabe).
Si en tu infancia te mintieron, engañaron o tus padres/cuidadores no
cumplieron sus promesas. No estuvieron en momentos en que los necesitabas. O
hubo algún tipo de infidelidad/engaño. Lo más probable es que, desde pequeño,
hayas desarrollado impulsos de controlar todo para evitar la decepción. Lo que
se traduce en ser celos@ con tus parejas. La frase “tod@s son iguales” ¿se les
hace conocida? Pues aquí está la raíz. Se crea esta percepción de que toda
pareja va a ser infiel y el pensamiento, esta narrativa que creamos para
protegernos, se vuelve repetitiva en nuestra mente. Lo cual es bastante
peligroso porque, una vez que estamos convencidos de que nuestra pareja es
infiel, muchas veces puede convertirse en “yo también voy a ser infiel” como
arma o como escudo.
Si tuviste ausencia de amor o contención, de parte de tu padre o madre.
Pasabas solo mucho tiempo cuando eras niño. O sentiste que tus padres nunca te
dieron la validación que necesitabas. Lo más probable es que atraigas
narcisistas. Personas que te tratan super bien al comienzo de la relación y
luego van mostrándote cómo son realmente. Esto hace que te nubles, pierdas el
valor de ti mismo y comiences a pensar que la otra persona tiene la razón
siempre. Puedes llegar hasta a alejarte de tus amigos y familia para complacer
a esta persona. Porque, OBVIAMENTE, todo el mundo se da cuenta, menos tú. REATZIONA!
Si tus padres fueron autoritarios o muy exigentes contigo y eso hizo que
tengas que esforzarte constantemente para no sentirte incapaz. O pudiste ser
víctima de violencia intrafamiliar. No necesariamente FUERTE, pero te pegaban
cuando sacabas malas notas, por ejemplo. Lo más probable es que, en tu adultez,
priorices siempre el trabajo por encima de todas tus otras relaciones. No haces
espacio para tener tiempo de calidad con tu pareja o tu familia, porque crees
que eres valorado por lo que haces, mas no por lo que eres. Eres excesivamente
perfeccionista porque crees que es la única manera de merecer amor o
validación.
Si tuviste un padre o madre ausente emocionalmente. Sentías que no tenías
afecto, ni atención. Te sentías solo y desapegado de tus cuidadores en tu
infancia. Te has ganado una dependencia emocional en tu adultez. El amor (o
mejor dicho la dopamina) puede llegar a ser adictivo y, en ciertos casos, hasta
dañino. Porque, en este caso, prefieres aguantar todo lo que hace tu pareja
antes de volver a estar solo. Puedes intentar victimizarte para llamar la
atención de tu pareja y sentirte amado verdaderamente. O sentir que tu pareja
no te apoya, no te da afecto, ni atención constantemente por eso comienzas a
reclamar y pelear por todo.
Si sentías que, en tu infancia, no te aceptaban tal como eras, te juzgaban,
te exigían demasiado y de forma muy dura. O tuviste la impresión (o fue dicho
expresamente) que tu madre sentía que no fue el mejor momento para traerte a
este mundo (¿cuándo es un buen momento? Really). Agárrate para el ride,
porque estarás autosaboteando todas tus relaciones. Todo esto porque, en tu
mente, interpretas todas las acciones de tu pareja como que no te ama
realmente. A pesar de sus demostraciones, siempre vas a sentir miedo de perder
su compañía y amor. Y empezarás a crear conflictos que terminan por arruinar
momentos que deberían ser bellos.
And last but not least. Si viviste
con mucho dolor, ya sea por constantes peleas a tu alrededor. Sufriste el
divorcio de tus padres/cuidadores. A raíz de esto, tu padre o tu madre, se
volvieron ausentes, o te mintieron. Bienvenido al total desapego. Aprendiste
desde pequeño que, para protegerte y no salir herido, era mejor fingir que no
te importaba nada. Buscas relaciones informales y quieres salir corriendo cada
vez que la cosa se pone seria. Cuando sientes que empiezas a enamorarte, te da
miedo y huyes. Corres como el viento, tiro al blanco.
Pero como decía al principio,
este post no trata de buscar culpables, sino más bien de reconocer what the
hell is wrong con cada uno de nosotros. Porque los veo/leo todos los días
por ahí diciendo “a mí me pegaron y yo estoy bien” o “mi abuelo tenía 5 mujeres
diferentes y esa es la naturaleza del hombre”, y déjame decirte, RAUL/KAREN,
que estás bien equivocad@. Eso solo demuestra los adultos disfuncionales que
somos. Y sí, hay que reconocer que nuestros padres hicieron lo mejor que
pudieron con los recursos que tenían disponibles. Pero vivimos en la era donde
la información está al alcance de un click. Que nuestros padres fueran de tal
manera, no es excusa para que nosotros no seamos mejores. Tenemos el mundo en
la palma de la mano. Y con todo lo que se sabe ahora, que no se sabía antes, es
irresponsable que sigamos trayendo niños al mundo si es que aún no hemos
sanado.
También es importante recalcarles
NUEVAMENTE que NO se trata de cómo fueron las cosas realmente, sino de cómo lo
vivió ese niño en su momento. Qué sintió, qué percibió, qué pensó él/ella. No
cómo ustedes ven las situaciones como adultos “maduros” (ninguno es maduro). Y
que comiencen a revisar internamente qué carajos le hace falta a esa personita herida
que llevan dentro. Porque CRÉANME, si son millennials, esa personita está en
posición fetal, llorando, y viendo cómo siguen haciendo las mismas cagadas, una
y otra, y otra vez.
Yo sé que es difícil deshacerse
de la idea de que todos son malos, menos nosotros. Pero es ilógico que sigamos
yendo por la vida haciendo las mismas cosas, esperando un resultado diferente. “Ay
es que est@ sí es diferente”. Hasta que no hayan visto qué es lo que hay dentro
de ustedes mismos, SPOILER ALERT, todo seguirá siendo igual. Y volverán al
ciclo de “es que tod@s son iguales” (menos yo).
CRÉANME que es doloroso y es duro
darse cuenta que TÚ eres el problema. Pero una vez que identificas qué es lo
que realmente NECESITAS en tu vida, es como despertar de un largo sueño donde
solo tenías pesadillas. Y es muy liberador darte cuenta todas las pendejadas
que estabas haciendo mal y que ahora te abre nuevas puertas para comenzar a
hacer las cosas bien.
Por ahora les dejo de tarea
reconocer dónde está la raíz de todos sus problemas. Luego hablamos de cómo
empezar a darle a nuestr@ niñ@ intern@ lo que se merece y necesita.
¡Feliz lunes!