lunes, 29 de mayo de 2023

Reconociendo nuestros demonios

¿Tuviste padres que trabajaban mucho y cuando llegaban a casa estaban demasiado cansados para prestarte atención? ¿Fuiste criado con “mano dura”, exigiéndote estándares casi imposibles de alcanzar? ¿Alguna vez te dijeron que, en vez de llorar o estresarte, te calmes y sigas adelante? ¿Viste a tus padres en un matrimonio donde no se expresaba emociones o pensamientos libremente? ¿Leíste esto con una voz de infomercial de tventas? ¡Felicidades! Bienvenido a la adultez llena de traumas de la infancia.

Mucha gente piensa que el término “trauma” siempre es indicador de algún evento extremadamente doloroso, imprevisto, destructivo. Tanto como un abuso sexual, infidelidad, divorcio, la muerte de algún familiar, etc., etc. Lo que no sabemos, comúnmente, es que cualquier acción puede generar un trauma en un niño. Porque no se trata realmente de la acción, sino de cómo lo vivió y sintió, ese niño, en su momento. Crecimos con muchas cosas a nuestro alrededor que eran consideradas buenas costumbres o good parenting, porque así se habían hecho las cosas siempre. No es sino hasta ahora, que la investigación ha avanzado tanto, que podemos ver que muchas de las conductas que considerábamos “normales”, pudieron ser la base de cómo concebimos nuestra personalidad y nuestras propias costumbres como adultos.

Voy a aterrizar todo esto a mi propia experiencia. Crecí en una familia acomodada, con dos padres que trabajaban constantemente. Mi padre era muy exigente conmigo. Siempre tuve buenas notas, hice mi mejor esfuerzo, incluso llegué a ser escolta del pabellón nacional. Gané una medalla de la filantrópica por rendimiento académico. Cuando empecé la adolescencia se creó un muro entre mis padres y yo. Tenía muchas emociones a flor de piel, además de pensamientos recurrentes de que nadie me quería, ni me prestaba atención. Lo cual, desde mi perspectiva, era cierto porque mis padres casi nunca estaban en casa. Y cuando estaban, yo no sentía que era un lugar seguro para expresarme o para actuar como quería actuar. Siempre he sido muy expresiva, muy apasionada, en todo ámbito de mi vida, lo cual era imposible en mi casa, porque esa pasión era catalogada como drama. Llorar era un drama. Sentirse mal era un drama. Llegó un momento en que mis padres dejaron de ser afectivos físicamente conmigo y yo aprendí a guardarme los dramas para mí misma. Yo seguía haciendo cosas para que ellos estuvieran orgullosos de mí. Participaba en concursos, algunas veces salí en el periódico por los mismos. Escribía, declamaba, debatía. Aún así nunca pude estar a la altura de sus estándares. Las palabras que tanto necesitaba escuchar “estamos orgullosos de ti”, “te queremos tal cual como eres”, nunca fueron parte de mi niñez o adolescencia. Sí escuché alguna vez “tú eres como tirarles perlas a los cerdos” tho.

Ahora soy una adulta con miedo a tomar decisiones y a expresar cariño. Tuve un apego ansioso que me hacía joder tanto a mis parejas para que me demuestren afecto por el miedo a ser abandonada. Además me escondo tras una pared gigante de desapego porque tengo miedo de que “me vean la cara”. Y aún así, también me doy a la tarea de autosabotear mis relaciones cuando todo va bien porque lo único que conozco como “normal” es el caos. Soy una joyita :D

Técnicamente mis padres no hicieron nada mal. Y este post no se trata de buscar a quién culpar de nuestras actitudes de mierda. Se trata de reconocer y hacernos cargo de lo que tenemos dentro y comenzar a ser nuestros propios padres. Seguramente no habrán escuchado o leído esto nunca. Aunque estoy segura que el término “niño interno” sí lo reconocerán. Pues de eso hablaremos hoy de reconocer qué le hace falta a nuestr@ niñ@ intern@ y comenzar el  “reparenting”. (No encuentro las palabras correctas para definirlo en español, pero sería algo así como volver a ser los padres de ese niño interno y darle lo que hubiéramos necesitado cuando existía físicamente.)

No es ningún secreto que las relaciones con nuestros padres forman nuestro carácter para toda la vida. Así que basta con ver nuestros patrones en la adultez para aprender a reconocer what went wrong y cambiarlo para poder vivir en paz lo poco o mucho que nos queda. Mejorar nuestras relaciones interpersonales y, simplemente, amar la vida y a nosotros mismos. Éste no es un proceso de un día para otro. El sanar, el mejorar, es un proceso cíclico. Habrá altas y bajas. No siempre será fácil y, lo más probable, es que sea muy muy doloroso. Por eso es que les recomiendo que busquen un profesional de la salud que los ayude con este proceso. YO NO SOY PSICÓLOGA, PSIQUIATRA, COACH MOTIVACIONAL, no estoy capacitada para ayudarlos más que para contarles mi propia experiencia. Tratar de relacionar lo que he aprendido con lo que vivimos diariamente y explicar, desde mi experiencia y perspectiva, qué es qué.

Creo que much@s nos hemos encontrado, en algún punto de nuestras vidas, preguntándonos ¿por qué siempre atraigo el mismo tipo de hptas? ¿No? Esto pasa porque la pareja que atraes es un espejo de cómo fue tu infancia. Atraemos las situaciones que hemos aprendido a lidiar desde que somos pequeños. Ya sea con mecanismos de defensa sanos o no. Atraemos situaciones con las que nos sentimos cómodos. Porque ya estamos acostumbrados inconscientemente. Comencemos hablando de los tipos de traumas que podemos experimentar (más allá de los obvios que todo el mundo sabe).

Si en tu infancia te mintieron, engañaron o tus padres/cuidadores no cumplieron sus promesas. No estuvieron en momentos en que los necesitabas. O hubo algún tipo de infidelidad/engaño. Lo más probable es que, desde pequeño, hayas desarrollado impulsos de controlar todo para evitar la decepción. Lo que se traduce en ser celos@ con tus parejas. La frase “tod@s son iguales” ¿se les hace conocida? Pues aquí está la raíz. Se crea esta percepción de que toda pareja va a ser infiel y el pensamiento, esta narrativa que creamos para protegernos, se vuelve repetitiva en nuestra mente. Lo cual es bastante peligroso porque, una vez que estamos convencidos de que nuestra pareja es infiel, muchas veces puede convertirse en “yo también voy a ser infiel” como arma o como escudo.

Si tuviste ausencia de amor o contención, de parte de tu padre o madre. Pasabas solo mucho tiempo cuando eras niño. O sentiste que tus padres nunca te dieron la validación que necesitabas. Lo más probable es que atraigas narcisistas. Personas que te tratan super bien al comienzo de la relación y luego van mostrándote cómo son realmente. Esto hace que te nubles, pierdas el valor de ti mismo y comiences a pensar que la otra persona tiene la razón siempre. Puedes llegar hasta a alejarte de tus amigos y familia para complacer a esta persona. Porque, OBVIAMENTE, todo el mundo se da cuenta, menos tú. REATZIONA!

Si tus padres fueron autoritarios o muy exigentes contigo y eso hizo que tengas que esforzarte constantemente para no sentirte incapaz. O pudiste ser víctima de violencia intrafamiliar. No necesariamente FUERTE, pero te pegaban cuando sacabas malas notas, por ejemplo. Lo más probable es que, en tu adultez, priorices siempre el trabajo por encima de todas tus otras relaciones. No haces espacio para tener tiempo de calidad con tu pareja o tu familia, porque crees que eres valorado por lo que haces, mas no por lo que eres. Eres excesivamente perfeccionista porque crees que es la única manera de merecer amor o validación.

Si tuviste un padre o madre ausente emocionalmente. Sentías que no tenías afecto, ni atención. Te sentías solo y desapegado de tus cuidadores en tu infancia. Te has ganado una dependencia emocional en tu adultez. El amor (o mejor dicho la dopamina) puede llegar a ser adictivo y, en ciertos casos, hasta dañino. Porque, en este caso, prefieres aguantar todo lo que hace tu pareja antes de volver a estar solo. Puedes intentar victimizarte para llamar la atención de tu pareja y sentirte amado verdaderamente. O sentir que tu pareja no te apoya, no te da afecto, ni atención constantemente por eso comienzas a reclamar y pelear por todo.

Si sentías que, en tu infancia, no te aceptaban tal como eras, te juzgaban, te exigían demasiado y de forma muy dura. O tuviste la impresión (o fue dicho expresamente) que tu madre sentía que no fue el mejor momento para traerte a este mundo (¿cuándo es un buen momento? Really). Agárrate para el ride, porque estarás autosaboteando todas tus relaciones. Todo esto porque, en tu mente, interpretas todas las acciones de tu pareja como que no te ama realmente. A pesar de sus demostraciones, siempre vas a sentir miedo de perder su compañía y amor. Y empezarás a crear conflictos que terminan por arruinar momentos que deberían ser bellos.

And last but not least. Si viviste con mucho dolor, ya sea por constantes peleas a tu alrededor. Sufriste el divorcio de tus padres/cuidadores. A raíz de esto, tu padre o tu madre, se volvieron ausentes, o te mintieron. Bienvenido al total desapego. Aprendiste desde pequeño que, para protegerte y no salir herido, era mejor fingir que no te importaba nada. Buscas relaciones informales y quieres salir corriendo cada vez que la cosa se pone seria. Cuando sientes que empiezas a enamorarte, te da miedo y huyes. Corres como el viento, tiro al blanco.

Pero como decía al principio, este post no trata de buscar culpables, sino más bien de reconocer what the hell is wrong con cada uno de nosotros. Porque los veo/leo todos los días por ahí diciendo “a mí me pegaron y yo estoy bien” o “mi abuelo tenía 5 mujeres diferentes y esa es la naturaleza del hombre”, y déjame decirte, RAUL/KAREN, que estás bien equivocad@. Eso solo demuestra los adultos disfuncionales que somos. Y sí, hay que reconocer que nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían disponibles. Pero vivimos en la era donde la información está al alcance de un click. Que nuestros padres fueran de tal manera, no es excusa para que nosotros no seamos mejores. Tenemos el mundo en la palma de la mano. Y con todo lo que se sabe ahora, que no se sabía antes, es irresponsable que sigamos trayendo niños al mundo si es que aún no hemos sanado.

También es importante recalcarles NUEVAMENTE que NO se trata de cómo fueron las cosas realmente, sino de cómo lo vivió ese niño en su momento. Qué sintió, qué percibió, qué pensó él/ella. No cómo ustedes ven las situaciones como adultos “maduros” (ninguno es maduro). Y que comiencen a revisar internamente qué carajos le hace falta a esa personita herida que llevan dentro. Porque CRÉANME, si son millennials, esa personita está en posición fetal, llorando, y viendo cómo siguen haciendo las mismas cagadas, una y otra, y otra vez.

Yo sé que es difícil deshacerse de la idea de que todos son malos, menos nosotros. Pero es ilógico que sigamos yendo por la vida haciendo las mismas cosas, esperando un resultado diferente. “Ay es que est@ sí es diferente”. Hasta que no hayan visto qué es lo que hay dentro de ustedes mismos, SPOILER ALERT, todo seguirá siendo igual. Y volverán al ciclo de “es que tod@s son iguales” (menos yo).

CRÉANME que es doloroso y es duro darse cuenta que TÚ eres el problema. Pero una vez que identificas qué es lo que realmente NECESITAS en tu vida, es como despertar de un largo sueño donde solo tenías pesadillas. Y es muy liberador darte cuenta todas las pendejadas que estabas haciendo mal y que ahora te abre nuevas puertas para comenzar a hacer las cosas bien.

Por ahora les dejo de tarea reconocer dónde está la raíz de todos sus problemas. Luego hablamos de cómo empezar a darle a nuestr@ niñ@ intern@ lo que se merece y necesita.

¡Feliz lunes!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Avísame si le vamos a echar ganas…

Cuando somos jóvenes el mundo es nuestro parque de diversiones. Tenemos un corazón y un cuerpo fresco, dispuestos a todo. Sin miedos, sin pe...