Cuando somos jóvenes el mundo es nuestro parque de diversiones. Tenemos un corazón y un cuerpo fresco, dispuestos a todo. Sin miedos, sin peligros, sin consecuencias. Lo que será, será. No es hasta que das la vuelta a los 30s que empiezan a haber repercusiones. Comienzas a cuestionarte absolutamente todo. Te das cuenta que “sin peligros, sin consecuencias” no existe. Porque cada paso que has dado, cada relación, cada encuentro y cada intercambio, dejaron una marca en ti. Aunque sea pequeñita. Lecciones aprendidas, momentos buenos y malos. Corazones rotos y heridas que sanar. En ese momento se vuelve todo más difícil. La vida sin reglas, de lanzarse con todo, se convierte en horas de sobre pensar y listas interminables de requisitos.
Y está todo bien. A esta edad te
das cuenta que el tiempo, y la vida en general, no es un recurso que puedas
perder por un capricho. Lo sano es tener límites, no negociables y tener claro
qué es lo que quieres. Y, mientras navegamos la adultez en un mundo digital post
pandemia, creado para mentes más jóvenes, hay cosas que he aprendido que quiero
compartir.
No hace falta decir que la
pandemia revolucionó por completo nuestra forma de ver las cosas. El no poder
salir de casa, nos volvió adictos al uso del teléfono para conocer personas.
Las redes sociales y dating apps se volvieron nuestras aliadas. Todo esto,
sumado a la inseguridad que vivimos en el tercer mundo, ha creado un mundo
nuevo de reglas arbitrarias que, más que facilitarnos la vida, nos la complica
más.
“Nadie está tan ocupado que no
puede tomarse dos minutos para responder un mensaje”. He leído esa frase
incontables veces. La manera en que nos comunicamos por mensajes ha sido tomada
como piedra angular de nuestras relaciones. Lo cual es bastante disfuncional.
Primero porque los mensajes no tienen tono y están abiertos a la interpretación
de quien los lee. Un simple diálogo o interrogante, escrito por alguien con la
única intención de establecer un punto, puede terminar del otro lado con un “no
me retes”. Entiendo que, en términos generales, no estamos acostumbrados a una
comunicación abierta de nuestras necesidades (y que somos susceptibles a nuestras
propias inseguridades y experiencias pasadas), pero eso no significa que toda
discusión sea pelea o tenga un tono agresivo.
Personalmente, este tema de los
mensajes me saca de quicio. Porque soy una mujer muy directa y abierta con lo
que quiero decir, y con lo que siento. Por eso mis mensajes no se van por las
ramas. Digo exactamente lo que tiene que ser dicho, sin ningún tono de
conflicto de por medio. Pero, como no estamos acostumbrados a la comunicación
abierta, sino más bien al “no me pasa nada”, la persona al otro lado del
teléfono piensa que estoy molesta. Y debo comenzar a reafirmar que no estoy
molesta, solo estoy compartiendo cómo me siento con la situación. Si estuviera
molesta, mis mensajes tendrían un tono completamente diferente y te darías
cuenta, CRÉEME. Me da hueva tener que explicar que discusión y pelea no
son lo mismo. Que hablar abiertamente de las cosas, no es reclamo. Que es
simplemente una apertura al diálogo, el aireo de mis dudas y la exposición de
mis límites.
No soy una persona complicada
porque he aprendido a reconocer mis demonios y soy capaz de hablar de ellos
abiertamente. Lo que digo es exactamente lo que pienso, sin planes ocultos. Sin
juegos. Estoy muy vieja para andar pensando en mindgames para atraer a
alguien. Lo que ves es lo que hay. Si te gusta, bien. Si no, también. Y así
mismo tengo bien claro lo que quiero y prefiero mil veces estar sola y
tranquila, a estar con alguien que no cumple siquiera con el mínimo esfuerzo.
Lo que me lleva nuevamente al
teléfono. Tenemos esta noción de que una relación sana son dos personas pegadas
al teléfono 24/7. Y cuando no tenemos eso, pensamos que es por falta de
interés. Lo único que me da a entender eso es que tenemos unas dependencias
bastante tóxicas que no hemos podido superar. Y me incluyo porque yo pensaba
exactamente lo mismo. Siendo muy sincera, aún me causa cierta ansiedad esperar
un mensaje o una llamada. Es en lo que estoy trabajando, internamente, actualmente.
Hace poco me encontré con un
podcast que me ha ayudado muchísimo en este tema. Y he aprendido que, primero
que nada, la comunicación por mensajes no es orgánica. El chat es un lugar que
te permite escoger cada respuesta según lo que crees que la otra persona
quiere. No puedes conocer realmente a una persona por medio de mensajes. Porque
también, again, los mensajes no tienen tono. Y tú proyectas, en tu
mente, cómo crees que se escucha ese mensaje y te haces ideas que,
probablemente, no son las correctas. Más allá de eso, el hecho de estar junto
al teléfono todo el día esperando un mensaje es una actividad que, a más que
causarte ansiedad, es una pérdida de tiempo. Quien dijo que el texting
era la nueva forma de conocer a alguien was seriously disturbed. Los
mensajes deben ser únicamente para descubrir puntos en común y hacer planes. ¿De
qué sirve estar meses hablando por mensajes con alguien, si cuando l@ conoces
no hay química? ¿O te das cuenta que realmente no era como pensabas que era? Son
meses que perdiste hablando con alguien, estresándote, pensando en el
potencial, cuando podías estar, no sé… VIVIENDO TU VIDA.
Lo que me lleva al siguiente
punto. ¿Quién se inventó que cuando sales con alguien no puedes salir/conocer a
nadie más? El dating pool no se cierra hasta que, de mutuo acuerdo, dos
personas deciden ser exclusivos. Y, ni siquiera ahí, es una relación seria. Esa
es otra conversación separada. La de: ¿Qué queremos a futuro? O ¿Qué queremos
construir juntos? Que sí, estas conversaciones se pueden dar muy pronto, como
mucho después. Eso no está escrito en piedra. Cada persona, cada relación es un
mundo. Y el tiempo, como la conexión, son relativos. *PAUSA PARA ACLARACIÓN:
Salir/conocer a alguien, NO quiere decir NECESARIAMENTE tener sexo con esa
persona. SEGUIMOS* Cada cual elige cómo vivir su vida. Pero no nos obsesionemos
con cosas que están dentro de un dispositivo.
Ahora. “Nadie está tan ocupado
para bla bla bla”. Ok, es verdad. Existen momentos del día en que tenemos dos
minutos para mandar un mensaje: “¿Cómo va tu día? ¿Cómo estás? ¿Todo bien?”.
Pero también hay días en que, independientemente del trabajo y las obligaciones
cotidianas, simplemente NO TENEMOS LAS GANAS de tener toda una conversación
filosófica POR MENSAJES. “Es que te vi conectad@ en Instagram y no me respondes
los mensajes”. Podemos estar en redes sociales simplemente viendo contenido
basura, o aprendiendo algo, ¿quién sabe? Son actividades que no necesitan mucha
atención. Una conversación con alguien sí merece la atención. Y, a veces,
simplemente no estamos en el estado mental para eso. Es completamente normal.
El agotamiento mental es peor que el físico. No me jodan, no quiero saber de
nadie. Solo quiero ver videos de perritos haciendo travesuras. AAAGGGHHHHHH.
Pero no perdamos de vista algo
importante. La falta de respuesta SÍ puede ser falta de interés si va
acompañada de la total falta de diligencia. O sea, no hay intenciones de hacer
planes, o hacen planes y te cancelan. O, simplemente, no le interesa hacer
cosas contigo. Ahí sí, mijes, dejen así. He’s just not that into you la película (sin final feliz). Lo mejor es… NEXT!
Prefiero cortarme una teta a seguir “intentando” con alguien que no es serio o
que no sabe lo que quiere.
Para terminar, quiero compartir
algo super importante cuando estás saliendo/conociendo a alguien: no se trata
tanto de lo que sientes tú por esa persona, sino más bien de cómo te sientes
cuando estás con él/ella. Meaning puede ser que sientas que es la mejor
persona del mundo, que tengan química, que bese riquísimo, que sientas que
tiene gran potencial, es un buen hombre/mujer. Pero de nada sirve si, cuando
están juntos, sientes que no puedes ser tú mism@, o que tienes que cambiar
algo. No te sientes segur@, sientes ansiedad. La persona que sea para ti te
hará sentir en casa, nunca te pondrá en peligro y las cosas fluirán de manera
sencilla. Te sentirás segur@ de ti mism@ y no tendrás dudas de ello. CRÉ E ME.
El mejor consejo que les puedo
dar es, no se estresen. En el momento que sientan ansiedad por cualquier razón,
deténganse y piensen: ¿cuál es la narrativa que he creado en mi cabeza sobre
esta situación que me crea ansiedad? ¿Cuáles son los hechos que respaldan esa
narrativa? HECHOS, no asuman nada. Piensen ¿qué de todo es cierto y qué está
siento creado únicamente por nuestra mente en función de nuestros propios miedos?
Y así, en calma, decidan: ¿Vale la pena? Hagan un examen de consciencia. ¿Somos
nosotros que idealizamos o es la otra persona que, REALMENTE, está valiendo
verga? Hagan listas de pros y contras. Escriban cómo se sienten. Plasmen en
papel esa narrativa. Analicen y, luego, dejen ir. Los miedos, las dudas, los
traumas del pasado. Y, por favor, no sigan donde no son felices solo por no
estar solos.
Y apliquen la honestidad desde el
principio. Avísame si vamos a echarle ganas porque si no, tengo cosas que
hacer. Thank you very much.