lunes, 5 de junio de 2023

Avísame si le vamos a echar ganas…

Cuando somos jóvenes el mundo es nuestro parque de diversiones. Tenemos un corazón y un cuerpo fresco, dispuestos a todo. Sin miedos, sin peligros, sin consecuencias. Lo que será, será. No es hasta que das la vuelta a los 30s que empiezan a haber repercusiones. Comienzas a cuestionarte absolutamente todo. Te das cuenta que “sin peligros, sin consecuencias” no existe. Porque cada paso que has dado, cada relación, cada encuentro y cada intercambio, dejaron una marca en ti. Aunque sea pequeñita. Lecciones aprendidas, momentos buenos y malos. Corazones rotos y heridas que sanar. En ese momento se vuelve todo más difícil. La vida sin reglas, de lanzarse con todo, se convierte en horas de sobre pensar y listas interminables de requisitos.

Y está todo bien. A esta edad te das cuenta que el tiempo, y la vida en general, no es un recurso que puedas perder por un capricho. Lo sano es tener límites, no negociables y tener claro qué es lo que quieres. Y, mientras navegamos la adultez en un mundo digital post pandemia, creado para mentes más jóvenes, hay cosas que he aprendido que quiero compartir.

No hace falta decir que la pandemia revolucionó por completo nuestra forma de ver las cosas. El no poder salir de casa, nos volvió adictos al uso del teléfono para conocer personas. Las redes sociales y dating apps se volvieron nuestras aliadas. Todo esto, sumado a la inseguridad que vivimos en el tercer mundo, ha creado un mundo nuevo de reglas arbitrarias que, más que facilitarnos la vida, nos la complica más.

“Nadie está tan ocupado que no puede tomarse dos minutos para responder un mensaje”. He leído esa frase incontables veces. La manera en que nos comunicamos por mensajes ha sido tomada como piedra angular de nuestras relaciones. Lo cual es bastante disfuncional. Primero porque los mensajes no tienen tono y están abiertos a la interpretación de quien los lee. Un simple diálogo o interrogante, escrito por alguien con la única intención de establecer un punto, puede terminar del otro lado con un “no me retes”. Entiendo que, en términos generales, no estamos acostumbrados a una comunicación abierta de nuestras necesidades (y que somos susceptibles a nuestras propias inseguridades y experiencias pasadas), pero eso no significa que toda discusión sea pelea o tenga un tono agresivo.

Personalmente, este tema de los mensajes me saca de quicio. Porque soy una mujer muy directa y abierta con lo que quiero decir, y con lo que siento. Por eso mis mensajes no se van por las ramas. Digo exactamente lo que tiene que ser dicho, sin ningún tono de conflicto de por medio. Pero, como no estamos acostumbrados a la comunicación abierta, sino más bien al “no me pasa nada”, la persona al otro lado del teléfono piensa que estoy molesta. Y debo comenzar a reafirmar que no estoy molesta, solo estoy compartiendo cómo me siento con la situación. Si estuviera molesta, mis mensajes tendrían un tono completamente diferente y te darías cuenta, CRÉEME. Me da hueva tener que explicar que discusión y pelea no son lo mismo. Que hablar abiertamente de las cosas, no es reclamo. Que es simplemente una apertura al diálogo, el aireo de mis dudas y la exposición de mis límites.

No soy una persona complicada porque he aprendido a reconocer mis demonios y soy capaz de hablar de ellos abiertamente. Lo que digo es exactamente lo que pienso, sin planes ocultos. Sin juegos. Estoy muy vieja para andar pensando en mindgames para atraer a alguien. Lo que ves es lo que hay. Si te gusta, bien. Si no, también. Y así mismo tengo bien claro lo que quiero y prefiero mil veces estar sola y tranquila, a estar con alguien que no cumple siquiera con el mínimo esfuerzo.

Lo que me lleva nuevamente al teléfono. Tenemos esta noción de que una relación sana son dos personas pegadas al teléfono 24/7. Y cuando no tenemos eso, pensamos que es por falta de interés. Lo único que me da a entender eso es que tenemos unas dependencias bastante tóxicas que no hemos podido superar. Y me incluyo porque yo pensaba exactamente lo mismo. Siendo muy sincera, aún me causa cierta ansiedad esperar un mensaje o una llamada. Es en lo que estoy trabajando, internamente, actualmente.

Hace poco me encontré con un podcast que me ha ayudado muchísimo en este tema. Y he aprendido que, primero que nada, la comunicación por mensajes no es orgánica. El chat es un lugar que te permite escoger cada respuesta según lo que crees que la otra persona quiere. No puedes conocer realmente a una persona por medio de mensajes. Porque también, again, los mensajes no tienen tono. Y tú proyectas, en tu mente, cómo crees que se escucha ese mensaje y te haces ideas que, probablemente, no son las correctas. Más allá de eso, el hecho de estar junto al teléfono todo el día esperando un mensaje es una actividad que, a más que causarte ansiedad, es una pérdida de tiempo. Quien dijo que el texting era la nueva forma de conocer a alguien was seriously disturbed. Los mensajes deben ser únicamente para descubrir puntos en común y hacer planes. ¿De qué sirve estar meses hablando por mensajes con alguien, si cuando l@ conoces no hay química? ¿O te das cuenta que realmente no era como pensabas que era? Son meses que perdiste hablando con alguien, estresándote, pensando en el potencial, cuando podías estar, no sé… VIVIENDO TU VIDA.

Lo que me lleva al siguiente punto. ¿Quién se inventó que cuando sales con alguien no puedes salir/conocer a nadie más? El dating pool no se cierra hasta que, de mutuo acuerdo, dos personas deciden ser exclusivos. Y, ni siquiera ahí, es una relación seria. Esa es otra conversación separada. La de: ¿Qué queremos a futuro? O ¿Qué queremos construir juntos? Que sí, estas conversaciones se pueden dar muy pronto, como mucho después. Eso no está escrito en piedra. Cada persona, cada relación es un mundo. Y el tiempo, como la conexión, son relativos. *PAUSA PARA ACLARACIÓN: Salir/conocer a alguien, NO quiere decir NECESARIAMENTE tener sexo con esa persona. SEGUIMOS* Cada cual elige cómo vivir su vida. Pero no nos obsesionemos con cosas que están dentro de un dispositivo.

Ahora. “Nadie está tan ocupado para bla bla bla”. Ok, es verdad. Existen momentos del día en que tenemos dos minutos para mandar un mensaje: “¿Cómo va tu día? ¿Cómo estás? ¿Todo bien?”. Pero también hay días en que, independientemente del trabajo y las obligaciones cotidianas, simplemente NO TENEMOS LAS GANAS de tener toda una conversación filosófica POR MENSAJES. “Es que te vi conectad@ en Instagram y no me respondes los mensajes”. Podemos estar en redes sociales simplemente viendo contenido basura, o aprendiendo algo, ¿quién sabe? Son actividades que no necesitan mucha atención. Una conversación con alguien sí merece la atención. Y, a veces, simplemente no estamos en el estado mental para eso. Es completamente normal. El agotamiento mental es peor que el físico. No me jodan, no quiero saber de nadie. Solo quiero ver videos de perritos haciendo travesuras. AAAGGGHHHHHH.

Pero no perdamos de vista algo importante. La falta de respuesta SÍ puede ser falta de interés si va acompañada de la total falta de diligencia. O sea, no hay intenciones de hacer planes, o hacen planes y te cancelan. O, simplemente, no le interesa hacer cosas contigo. Ahí sí, mijes, dejen así. He’s just not that into you la película (sin final feliz). Lo mejor es… NEXT! Prefiero cortarme una teta a seguir “intentando” con alguien que no es serio o que no sabe lo que quiere.

Para terminar, quiero compartir algo super importante cuando estás saliendo/conociendo a alguien: no se trata tanto de lo que sientes tú por esa persona, sino más bien de cómo te sientes cuando estás con él/ella. Meaning puede ser que sientas que es la mejor persona del mundo, que tengan química, que bese riquísimo, que sientas que tiene gran potencial, es un buen hombre/mujer. Pero de nada sirve si, cuando están juntos, sientes que no puedes ser tú mism@, o que tienes que cambiar algo. No te sientes segur@, sientes ansiedad. La persona que sea para ti te hará sentir en casa, nunca te pondrá en peligro y las cosas fluirán de manera sencilla. Te sentirás segur@ de ti mism@ y no tendrás dudas de ello. CRÉ E ME.

El mejor consejo que les puedo dar es, no se estresen. En el momento que sientan ansiedad por cualquier razón, deténganse y piensen: ¿cuál es la narrativa que he creado en mi cabeza sobre esta situación que me crea ansiedad? ¿Cuáles son los hechos que respaldan esa narrativa? HECHOS, no asuman nada. Piensen ¿qué de todo es cierto y qué está siento creado únicamente por nuestra mente en función de nuestros propios miedos? Y así, en calma, decidan: ¿Vale la pena? Hagan un examen de consciencia. ¿Somos nosotros que idealizamos o es la otra persona que, REALMENTE, está valiendo verga? Hagan listas de pros y contras. Escriban cómo se sienten. Plasmen en papel esa narrativa. Analicen y, luego, dejen ir. Los miedos, las dudas, los traumas del pasado. Y, por favor, no sigan donde no son felices solo por no estar solos.

Y apliquen la honestidad desde el principio. Avísame si vamos a echarle ganas porque si no, tengo cosas que hacer. Thank you very much.

lunes, 29 de mayo de 2023

Reconociendo nuestros demonios

¿Tuviste padres que trabajaban mucho y cuando llegaban a casa estaban demasiado cansados para prestarte atención? ¿Fuiste criado con “mano dura”, exigiéndote estándares casi imposibles de alcanzar? ¿Alguna vez te dijeron que, en vez de llorar o estresarte, te calmes y sigas adelante? ¿Viste a tus padres en un matrimonio donde no se expresaba emociones o pensamientos libremente? ¿Leíste esto con una voz de infomercial de tventas? ¡Felicidades! Bienvenido a la adultez llena de traumas de la infancia.

Mucha gente piensa que el término “trauma” siempre es indicador de algún evento extremadamente doloroso, imprevisto, destructivo. Tanto como un abuso sexual, infidelidad, divorcio, la muerte de algún familiar, etc., etc. Lo que no sabemos, comúnmente, es que cualquier acción puede generar un trauma en un niño. Porque no se trata realmente de la acción, sino de cómo lo vivió y sintió, ese niño, en su momento. Crecimos con muchas cosas a nuestro alrededor que eran consideradas buenas costumbres o good parenting, porque así se habían hecho las cosas siempre. No es sino hasta ahora, que la investigación ha avanzado tanto, que podemos ver que muchas de las conductas que considerábamos “normales”, pudieron ser la base de cómo concebimos nuestra personalidad y nuestras propias costumbres como adultos.

Voy a aterrizar todo esto a mi propia experiencia. Crecí en una familia acomodada, con dos padres que trabajaban constantemente. Mi padre era muy exigente conmigo. Siempre tuve buenas notas, hice mi mejor esfuerzo, incluso llegué a ser escolta del pabellón nacional. Gané una medalla de la filantrópica por rendimiento académico. Cuando empecé la adolescencia se creó un muro entre mis padres y yo. Tenía muchas emociones a flor de piel, además de pensamientos recurrentes de que nadie me quería, ni me prestaba atención. Lo cual, desde mi perspectiva, era cierto porque mis padres casi nunca estaban en casa. Y cuando estaban, yo no sentía que era un lugar seguro para expresarme o para actuar como quería actuar. Siempre he sido muy expresiva, muy apasionada, en todo ámbito de mi vida, lo cual era imposible en mi casa, porque esa pasión era catalogada como drama. Llorar era un drama. Sentirse mal era un drama. Llegó un momento en que mis padres dejaron de ser afectivos físicamente conmigo y yo aprendí a guardarme los dramas para mí misma. Yo seguía haciendo cosas para que ellos estuvieran orgullosos de mí. Participaba en concursos, algunas veces salí en el periódico por los mismos. Escribía, declamaba, debatía. Aún así nunca pude estar a la altura de sus estándares. Las palabras que tanto necesitaba escuchar “estamos orgullosos de ti”, “te queremos tal cual como eres”, nunca fueron parte de mi niñez o adolescencia. Sí escuché alguna vez “tú eres como tirarles perlas a los cerdos” tho.

Ahora soy una adulta con miedo a tomar decisiones y a expresar cariño. Tuve un apego ansioso que me hacía joder tanto a mis parejas para que me demuestren afecto por el miedo a ser abandonada. Además me escondo tras una pared gigante de desapego porque tengo miedo de que “me vean la cara”. Y aún así, también me doy a la tarea de autosabotear mis relaciones cuando todo va bien porque lo único que conozco como “normal” es el caos. Soy una joyita :D

Técnicamente mis padres no hicieron nada mal. Y este post no se trata de buscar a quién culpar de nuestras actitudes de mierda. Se trata de reconocer y hacernos cargo de lo que tenemos dentro y comenzar a ser nuestros propios padres. Seguramente no habrán escuchado o leído esto nunca. Aunque estoy segura que el término “niño interno” sí lo reconocerán. Pues de eso hablaremos hoy de reconocer qué le hace falta a nuestr@ niñ@ intern@ y comenzar el  “reparenting”. (No encuentro las palabras correctas para definirlo en español, pero sería algo así como volver a ser los padres de ese niño interno y darle lo que hubiéramos necesitado cuando existía físicamente.)

No es ningún secreto que las relaciones con nuestros padres forman nuestro carácter para toda la vida. Así que basta con ver nuestros patrones en la adultez para aprender a reconocer what went wrong y cambiarlo para poder vivir en paz lo poco o mucho que nos queda. Mejorar nuestras relaciones interpersonales y, simplemente, amar la vida y a nosotros mismos. Éste no es un proceso de un día para otro. El sanar, el mejorar, es un proceso cíclico. Habrá altas y bajas. No siempre será fácil y, lo más probable, es que sea muy muy doloroso. Por eso es que les recomiendo que busquen un profesional de la salud que los ayude con este proceso. YO NO SOY PSICÓLOGA, PSIQUIATRA, COACH MOTIVACIONAL, no estoy capacitada para ayudarlos más que para contarles mi propia experiencia. Tratar de relacionar lo que he aprendido con lo que vivimos diariamente y explicar, desde mi experiencia y perspectiva, qué es qué.

Creo que much@s nos hemos encontrado, en algún punto de nuestras vidas, preguntándonos ¿por qué siempre atraigo el mismo tipo de hptas? ¿No? Esto pasa porque la pareja que atraes es un espejo de cómo fue tu infancia. Atraemos las situaciones que hemos aprendido a lidiar desde que somos pequeños. Ya sea con mecanismos de defensa sanos o no. Atraemos situaciones con las que nos sentimos cómodos. Porque ya estamos acostumbrados inconscientemente. Comencemos hablando de los tipos de traumas que podemos experimentar (más allá de los obvios que todo el mundo sabe).

Si en tu infancia te mintieron, engañaron o tus padres/cuidadores no cumplieron sus promesas. No estuvieron en momentos en que los necesitabas. O hubo algún tipo de infidelidad/engaño. Lo más probable es que, desde pequeño, hayas desarrollado impulsos de controlar todo para evitar la decepción. Lo que se traduce en ser celos@ con tus parejas. La frase “tod@s son iguales” ¿se les hace conocida? Pues aquí está la raíz. Se crea esta percepción de que toda pareja va a ser infiel y el pensamiento, esta narrativa que creamos para protegernos, se vuelve repetitiva en nuestra mente. Lo cual es bastante peligroso porque, una vez que estamos convencidos de que nuestra pareja es infiel, muchas veces puede convertirse en “yo también voy a ser infiel” como arma o como escudo.

Si tuviste ausencia de amor o contención, de parte de tu padre o madre. Pasabas solo mucho tiempo cuando eras niño. O sentiste que tus padres nunca te dieron la validación que necesitabas. Lo más probable es que atraigas narcisistas. Personas que te tratan super bien al comienzo de la relación y luego van mostrándote cómo son realmente. Esto hace que te nubles, pierdas el valor de ti mismo y comiences a pensar que la otra persona tiene la razón siempre. Puedes llegar hasta a alejarte de tus amigos y familia para complacer a esta persona. Porque, OBVIAMENTE, todo el mundo se da cuenta, menos tú. REATZIONA!

Si tus padres fueron autoritarios o muy exigentes contigo y eso hizo que tengas que esforzarte constantemente para no sentirte incapaz. O pudiste ser víctima de violencia intrafamiliar. No necesariamente FUERTE, pero te pegaban cuando sacabas malas notas, por ejemplo. Lo más probable es que, en tu adultez, priorices siempre el trabajo por encima de todas tus otras relaciones. No haces espacio para tener tiempo de calidad con tu pareja o tu familia, porque crees que eres valorado por lo que haces, mas no por lo que eres. Eres excesivamente perfeccionista porque crees que es la única manera de merecer amor o validación.

Si tuviste un padre o madre ausente emocionalmente. Sentías que no tenías afecto, ni atención. Te sentías solo y desapegado de tus cuidadores en tu infancia. Te has ganado una dependencia emocional en tu adultez. El amor (o mejor dicho la dopamina) puede llegar a ser adictivo y, en ciertos casos, hasta dañino. Porque, en este caso, prefieres aguantar todo lo que hace tu pareja antes de volver a estar solo. Puedes intentar victimizarte para llamar la atención de tu pareja y sentirte amado verdaderamente. O sentir que tu pareja no te apoya, no te da afecto, ni atención constantemente por eso comienzas a reclamar y pelear por todo.

Si sentías que, en tu infancia, no te aceptaban tal como eras, te juzgaban, te exigían demasiado y de forma muy dura. O tuviste la impresión (o fue dicho expresamente) que tu madre sentía que no fue el mejor momento para traerte a este mundo (¿cuándo es un buen momento? Really). Agárrate para el ride, porque estarás autosaboteando todas tus relaciones. Todo esto porque, en tu mente, interpretas todas las acciones de tu pareja como que no te ama realmente. A pesar de sus demostraciones, siempre vas a sentir miedo de perder su compañía y amor. Y empezarás a crear conflictos que terminan por arruinar momentos que deberían ser bellos.

And last but not least. Si viviste con mucho dolor, ya sea por constantes peleas a tu alrededor. Sufriste el divorcio de tus padres/cuidadores. A raíz de esto, tu padre o tu madre, se volvieron ausentes, o te mintieron. Bienvenido al total desapego. Aprendiste desde pequeño que, para protegerte y no salir herido, era mejor fingir que no te importaba nada. Buscas relaciones informales y quieres salir corriendo cada vez que la cosa se pone seria. Cuando sientes que empiezas a enamorarte, te da miedo y huyes. Corres como el viento, tiro al blanco.

Pero como decía al principio, este post no trata de buscar culpables, sino más bien de reconocer what the hell is wrong con cada uno de nosotros. Porque los veo/leo todos los días por ahí diciendo “a mí me pegaron y yo estoy bien” o “mi abuelo tenía 5 mujeres diferentes y esa es la naturaleza del hombre”, y déjame decirte, RAUL/KAREN, que estás bien equivocad@. Eso solo demuestra los adultos disfuncionales que somos. Y sí, hay que reconocer que nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían disponibles. Pero vivimos en la era donde la información está al alcance de un click. Que nuestros padres fueran de tal manera, no es excusa para que nosotros no seamos mejores. Tenemos el mundo en la palma de la mano. Y con todo lo que se sabe ahora, que no se sabía antes, es irresponsable que sigamos trayendo niños al mundo si es que aún no hemos sanado.

También es importante recalcarles NUEVAMENTE que NO se trata de cómo fueron las cosas realmente, sino de cómo lo vivió ese niño en su momento. Qué sintió, qué percibió, qué pensó él/ella. No cómo ustedes ven las situaciones como adultos “maduros” (ninguno es maduro). Y que comiencen a revisar internamente qué carajos le hace falta a esa personita herida que llevan dentro. Porque CRÉANME, si son millennials, esa personita está en posición fetal, llorando, y viendo cómo siguen haciendo las mismas cagadas, una y otra, y otra vez.

Yo sé que es difícil deshacerse de la idea de que todos son malos, menos nosotros. Pero es ilógico que sigamos yendo por la vida haciendo las mismas cosas, esperando un resultado diferente. “Ay es que est@ sí es diferente”. Hasta que no hayan visto qué es lo que hay dentro de ustedes mismos, SPOILER ALERT, todo seguirá siendo igual. Y volverán al ciclo de “es que tod@s son iguales” (menos yo).

CRÉANME que es doloroso y es duro darse cuenta que TÚ eres el problema. Pero una vez que identificas qué es lo que realmente NECESITAS en tu vida, es como despertar de un largo sueño donde solo tenías pesadillas. Y es muy liberador darte cuenta todas las pendejadas que estabas haciendo mal y que ahora te abre nuevas puertas para comenzar a hacer las cosas bien.

Por ahora les dejo de tarea reconocer dónde está la raíz de todos sus problemas. Luego hablamos de cómo empezar a darle a nuestr@ niñ@ intern@ lo que se merece y necesita.

¡Feliz lunes!

domingo, 28 de mayo de 2023

Femineidad y feminismo

 

“Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros”. No sé cuántas veces he escuchado esa frase junto a la típica “tú eres una mujer fuerte”, “tú puedes levantarte sola”, “eres independiente, capaz, inteligente”. Y sí, sé de lo que soy capaz. Sé lo fuerte que soy, lo inteligente, lo independiente. Quien me conoce puede verlo brotando por mis poros. Pero, ¿somos fuertes porque queremos? O ¿Porque NO queremos ser vulnerables? ¿Queremos ser fuertes? O ¿Nos obligaron a serlo?

Desde pequeñas vivimos rodeadas de potenciales peligros. “No saltes, no corras, no te muevas mucho cuando andas en falda/vestido”. “No te sientes de tal o cual manera para que no se te vean los calzones”. “No salgas con ropa muy reveladora”. “No te maquilles de cierta forma, si quieres que te tomen en serio”. Podría pasar el día entero enumerando todo lo que hemos escuchado de nuestros padres, amigos, allegados, desde que tenemos memoria. Y sí, este no es un post con el que muchos hombres se sentirán identificados. Y tampoco es un post en el que se busca la opinión de ellos. Pero si algún hombre llega a leer, lo que busco es que entiendan un poco nuestro punto de vista. Y antes de que comiencen con sus “not all men” o “no somos todos”, preferiría que se callen un ratito y aprendan que nunca, NUNCA, van a saber lo que experimenta una mujer, solo por ser mujer, desde que nace. Y sí, también sé que los hombres están bajo mucha presión, pero este post no es para eso. Ok?

Como niñas crecemos amando u odiando nuestro lado femenino. Muchas están contentas con estas normas sociales y está bien. Pero muchas otras, myself included, lo odiamos porque ser femenina, muchas veces es limitante. Hombres y mujeres, poseemos energía femenina y masculina, en distintos porcentajes. Como individuos ese porcentaje cambia dependiendo de muchos factores: culturales, sociales, familiares, etc. En mi caso, siendo una niña bastante hiperactiva, el ser femenina implicaba menos diversión y menor rango de movimiento. Así que, poco a poco, fui rechazando estas concepciones de “lo femenino” hasta que llegué a la edad adulta.

Con las nuevas corrientes de pensamiento disponibles en pleno 2023, solo me dan ganas de reír cada vez que veo un hombre o mujer hablando de los verdaderos “machos alfa” y de las “mujeres del proceso”. Pero reconozco que hay ciertas verdades dentro de estos cultos. Los extremos nunca han ido de la mano con mis hilos de pensamiento, por ende, cada vez que escucho alguna tontería que limite o encasille a una persona a ser una sola cosa, lo único que puedo hacer es virar los ojos.

Hace poco leí un comentario que decía “el feminismo ha matado toda la femineidad de las mujeres” o algo así. Lo cual me hace entender que el mundo está, cada día, más sumido en la ignorancia. Nuevamente nos volcamos al feminismo como una ola radical que le dice a las mujeres que deben dejar de ser femeninas, que no deben ser madres, o que deben verse como hombres. Y eso no podría estar más alejado de la realidad. No les voy a dar una lección en feminismo en este post (tal vez después) pero quiero dejar en claro que el feminismo, si bien persigue la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, también alienta a que las mujeres decidan ellas mismas, como individuos, la vida que las hace felices. Aún si esa vida es ser mamá y ama de casa. No sé a qué “líderes de opinión” están escuchando o leyendo ustedes, pero mi feminismo está muy alejado de lo que ustedes creen que es ser feminista.

Pero dentro de todo este debate sobre feminismo y femineidad, nos estamos olvidando de el problema central de todo este asunto. ¿Qué es ser “femenina”? Si buscamos una definición súper fácil de entender para todos vamos a encontrar que el modelo femenino de una niña/mujer debe ser… *drumroll please* BARBIE. En un mundo color de rosa. Y, aunque Barbie ha tenido muchísimas profesiones, evolucionando de ser una simple chica fresita, como sociedad, aún creemos que ser femenina es ser esa primera Barbie que únicamente pensaba en moda y en ser la mejor amiga de todos. Maquillaje on point, estilo, delicadeza. “Calladita te ves más bonita…”

Ahí nace el problema. Muchas mujeres crecieron aceptando esos estándares de belleza, prácticamente imposibles de alcanzar. Muchas otras, crecimos rechazándolos completamente, al punto de rechazar nuestra propia femineidad para no parecer débiles. Las dos corrientes llevando a un mismo punto: una visión distorsionada de lo que somos (o debemos ser) las mujeres dentro de la sociedad y muchísimos traumas que sanar.

Y como somos las hijas de las generaciones X y Boomers ¿qué guías sanas creen que nos acompañaron al crecer? Adivinaron. Ninguna. Pero este post no se trata de buscar responsables, ni echarle la culpa a nadie. Sino de cambiar la narrativa, empoderarnos de nuestra realidad y empezar a cambiar lo que queremos cambiar. Sí, que corremos peligro… Totalmente. Que si nos mostramos vulnerables es probable que nos vean la cara… Sí, más que probable. Nuevamente, puedo hacer una lista de todos los miedos que tenemos las mujeres. Tod@s tenemos miedo. Tod@s podemos ser heridos. Así es la vida. Lo importante es tomar las riendas de nuestros miedos y a prender a superarlos.

Como individuos es importante que podamos balancear cada aspecto de nuestra personalidad. Dejarnos cuidar por alguien, pedir ayuda, mostrarte vulnerable, no te hace menos independiente o fuerte. Vestirte de una u otra forma, no te hace menos femenina. La energía femenina simbólicamente es la de recibir. Y no hay nada malo en recibir. Así también la de nutrir y construir. Amar. ¿Por qué sentir que nos hace menos amar, sentir, nutrir? Yo sé que es difícil dentro de la sociedad en que vivimos, mostrar nuestros verdaderos colores, pero hay algo que quiero que entiendan. Y esto es algo que va a sonar fuerte, feo y jodido en todos los aspectos. Pero debemos hacer las paces con la idea de que NOSOTRAS no vamos a cambiar a la sociedad. Ésta generación millennial debe ser el ejemplo y el impulso para las siguientes generaciones. Por esa razón es tan importante que seamos ejemplo de personas sanas MENTALMENTE, que disfrutemos nuestras vidas. Que disfrutemos VIVIR como queremos vivir. Sin importar lo que digan o piensen los demás. Siempre que no dañemos a nadie y que vivamos en sincronía con lo que es bueno, seremos ejemplo para las siguientes generaciones. Nuestros hij@s, niet@, bisniet@s, ellos verán un verdadero cambio.

Yo sé que, llegando a esta edad, muchas estamos cansadas de ser fuertes, “guerreras”, de no mostrar nuestras emociones “por nuestros hijos”. Porque creemos que ellos necesitan que seamos rocas para su formación. Pero les estamos creando una idea falsa de lo que es ser adulto, padre, madre. Les estamos enseñando que no se debe ser sensibles. Que no hay espacio para el descanso. Que no hay que ser “débiles”. Les estamos dando ejemplos de “humanidad” casi imposibles de cumplir. Debemos dejar de ser “fuertes” y abrazar también nuestra vulnerabilidad. Nuestro deseo de “NO QUIERO HACER TODO YO SOLA LPQTP!!!!”. No está mal que nos vean llorando de vez en cuando. No está mal que, a veces digamos “no estoy teniendo un buen día”. Porque así ellos nos ven como lo que somos: seres humanos.

A nosotras nos queda aprender a amarnos de verdad, fuera de las expectativas de la sociedad, sabiendo que lo único que importa es cómo nos mostramos ante esos pequeños que tenemos cerca. Si podemos poner un granito de arena en cambiar al mundo, increíble. Pero no nos desgastemos en generar cambios globales a corto plazo. Enfoquémonos en esa pequeña semilla que tenemos cerca. Pongamos nuestra energía en nutrirla para que se replique lo suficiente para borrar toda la mierda de una vez por todas, en el futuro.

Buscando el camino

 

Los de la generación Y o Millennial, nacimos desde principios de la década de los 80s, hasta finales de la década de los 90s. Nos han dicho de todo: generación de cristal, de papel, de todo lo que se rompe fácilmente. Y es verdad, creo que estamos aquí para romper muchas cosas. Hemos sido los primeros en cuestionar y quejarnos abiertamente por todo lo que está mal, o que estaba mal en las generaciones anteriores; y tratar de enmendarlo para las generaciones venideras.

Llegando (pasando, algunos) a los 40, este blog se compone de muchos temas que, en mis 20s veía de otra forma. Los que me han seguido desde ese entonces, verán muchos cambios en mi manera de pensar, mas no en la esencia de decir lo que veo y lo que creo.

Seguiré contándoles mis experiencias, cada una desde un punto de vista diferente. Desde el crecimiento que he experimentado internamente (no hacia los lados) durante estos últimos casi 20 años. ¡WOW! Veinte años… Casi me siento vieja jaja

Y, como siempre, mi propósito (además de quejarme) es que ustedes, mis amigos imaginarios y seguidores, se sientan identificados con esta lucha interna que todos llevamos a cuestas cada día, luego de haber crecido en ambientes altamente disfuncionales que se consideraban normales para la época.

Es hora de despertar (si no lo han hecho aún) y encontrar nuestro propio camino.

¡Bienvenidos!

Avísame si le vamos a echar ganas…

Cuando somos jóvenes el mundo es nuestro parque de diversiones. Tenemos un corazón y un cuerpo fresco, dispuestos a todo. Sin miedos, sin pe...