domingo, 28 de mayo de 2023

Femineidad y feminismo

 

“Dios le da sus peores batallas a sus mejores guerreros”. No sé cuántas veces he escuchado esa frase junto a la típica “tú eres una mujer fuerte”, “tú puedes levantarte sola”, “eres independiente, capaz, inteligente”. Y sí, sé de lo que soy capaz. Sé lo fuerte que soy, lo inteligente, lo independiente. Quien me conoce puede verlo brotando por mis poros. Pero, ¿somos fuertes porque queremos? O ¿Porque NO queremos ser vulnerables? ¿Queremos ser fuertes? O ¿Nos obligaron a serlo?

Desde pequeñas vivimos rodeadas de potenciales peligros. “No saltes, no corras, no te muevas mucho cuando andas en falda/vestido”. “No te sientes de tal o cual manera para que no se te vean los calzones”. “No salgas con ropa muy reveladora”. “No te maquilles de cierta forma, si quieres que te tomen en serio”. Podría pasar el día entero enumerando todo lo que hemos escuchado de nuestros padres, amigos, allegados, desde que tenemos memoria. Y sí, este no es un post con el que muchos hombres se sentirán identificados. Y tampoco es un post en el que se busca la opinión de ellos. Pero si algún hombre llega a leer, lo que busco es que entiendan un poco nuestro punto de vista. Y antes de que comiencen con sus “not all men” o “no somos todos”, preferiría que se callen un ratito y aprendan que nunca, NUNCA, van a saber lo que experimenta una mujer, solo por ser mujer, desde que nace. Y sí, también sé que los hombres están bajo mucha presión, pero este post no es para eso. Ok?

Como niñas crecemos amando u odiando nuestro lado femenino. Muchas están contentas con estas normas sociales y está bien. Pero muchas otras, myself included, lo odiamos porque ser femenina, muchas veces es limitante. Hombres y mujeres, poseemos energía femenina y masculina, en distintos porcentajes. Como individuos ese porcentaje cambia dependiendo de muchos factores: culturales, sociales, familiares, etc. En mi caso, siendo una niña bastante hiperactiva, el ser femenina implicaba menos diversión y menor rango de movimiento. Así que, poco a poco, fui rechazando estas concepciones de “lo femenino” hasta que llegué a la edad adulta.

Con las nuevas corrientes de pensamiento disponibles en pleno 2023, solo me dan ganas de reír cada vez que veo un hombre o mujer hablando de los verdaderos “machos alfa” y de las “mujeres del proceso”. Pero reconozco que hay ciertas verdades dentro de estos cultos. Los extremos nunca han ido de la mano con mis hilos de pensamiento, por ende, cada vez que escucho alguna tontería que limite o encasille a una persona a ser una sola cosa, lo único que puedo hacer es virar los ojos.

Hace poco leí un comentario que decía “el feminismo ha matado toda la femineidad de las mujeres” o algo así. Lo cual me hace entender que el mundo está, cada día, más sumido en la ignorancia. Nuevamente nos volcamos al feminismo como una ola radical que le dice a las mujeres que deben dejar de ser femeninas, que no deben ser madres, o que deben verse como hombres. Y eso no podría estar más alejado de la realidad. No les voy a dar una lección en feminismo en este post (tal vez después) pero quiero dejar en claro que el feminismo, si bien persigue la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, también alienta a que las mujeres decidan ellas mismas, como individuos, la vida que las hace felices. Aún si esa vida es ser mamá y ama de casa. No sé a qué “líderes de opinión” están escuchando o leyendo ustedes, pero mi feminismo está muy alejado de lo que ustedes creen que es ser feminista.

Pero dentro de todo este debate sobre feminismo y femineidad, nos estamos olvidando de el problema central de todo este asunto. ¿Qué es ser “femenina”? Si buscamos una definición súper fácil de entender para todos vamos a encontrar que el modelo femenino de una niña/mujer debe ser… *drumroll please* BARBIE. En un mundo color de rosa. Y, aunque Barbie ha tenido muchísimas profesiones, evolucionando de ser una simple chica fresita, como sociedad, aún creemos que ser femenina es ser esa primera Barbie que únicamente pensaba en moda y en ser la mejor amiga de todos. Maquillaje on point, estilo, delicadeza. “Calladita te ves más bonita…”

Ahí nace el problema. Muchas mujeres crecieron aceptando esos estándares de belleza, prácticamente imposibles de alcanzar. Muchas otras, crecimos rechazándolos completamente, al punto de rechazar nuestra propia femineidad para no parecer débiles. Las dos corrientes llevando a un mismo punto: una visión distorsionada de lo que somos (o debemos ser) las mujeres dentro de la sociedad y muchísimos traumas que sanar.

Y como somos las hijas de las generaciones X y Boomers ¿qué guías sanas creen que nos acompañaron al crecer? Adivinaron. Ninguna. Pero este post no se trata de buscar responsables, ni echarle la culpa a nadie. Sino de cambiar la narrativa, empoderarnos de nuestra realidad y empezar a cambiar lo que queremos cambiar. Sí, que corremos peligro… Totalmente. Que si nos mostramos vulnerables es probable que nos vean la cara… Sí, más que probable. Nuevamente, puedo hacer una lista de todos los miedos que tenemos las mujeres. Tod@s tenemos miedo. Tod@s podemos ser heridos. Así es la vida. Lo importante es tomar las riendas de nuestros miedos y a prender a superarlos.

Como individuos es importante que podamos balancear cada aspecto de nuestra personalidad. Dejarnos cuidar por alguien, pedir ayuda, mostrarte vulnerable, no te hace menos independiente o fuerte. Vestirte de una u otra forma, no te hace menos femenina. La energía femenina simbólicamente es la de recibir. Y no hay nada malo en recibir. Así también la de nutrir y construir. Amar. ¿Por qué sentir que nos hace menos amar, sentir, nutrir? Yo sé que es difícil dentro de la sociedad en que vivimos, mostrar nuestros verdaderos colores, pero hay algo que quiero que entiendan. Y esto es algo que va a sonar fuerte, feo y jodido en todos los aspectos. Pero debemos hacer las paces con la idea de que NOSOTRAS no vamos a cambiar a la sociedad. Ésta generación millennial debe ser el ejemplo y el impulso para las siguientes generaciones. Por esa razón es tan importante que seamos ejemplo de personas sanas MENTALMENTE, que disfrutemos nuestras vidas. Que disfrutemos VIVIR como queremos vivir. Sin importar lo que digan o piensen los demás. Siempre que no dañemos a nadie y que vivamos en sincronía con lo que es bueno, seremos ejemplo para las siguientes generaciones. Nuestros hij@s, niet@, bisniet@s, ellos verán un verdadero cambio.

Yo sé que, llegando a esta edad, muchas estamos cansadas de ser fuertes, “guerreras”, de no mostrar nuestras emociones “por nuestros hijos”. Porque creemos que ellos necesitan que seamos rocas para su formación. Pero les estamos creando una idea falsa de lo que es ser adulto, padre, madre. Les estamos enseñando que no se debe ser sensibles. Que no hay espacio para el descanso. Que no hay que ser “débiles”. Les estamos dando ejemplos de “humanidad” casi imposibles de cumplir. Debemos dejar de ser “fuertes” y abrazar también nuestra vulnerabilidad. Nuestro deseo de “NO QUIERO HACER TODO YO SOLA LPQTP!!!!”. No está mal que nos vean llorando de vez en cuando. No está mal que, a veces digamos “no estoy teniendo un buen día”. Porque así ellos nos ven como lo que somos: seres humanos.

A nosotras nos queda aprender a amarnos de verdad, fuera de las expectativas de la sociedad, sabiendo que lo único que importa es cómo nos mostramos ante esos pequeños que tenemos cerca. Si podemos poner un granito de arena en cambiar al mundo, increíble. Pero no nos desgastemos en generar cambios globales a corto plazo. Enfoquémonos en esa pequeña semilla que tenemos cerca. Pongamos nuestra energía en nutrirla para que se replique lo suficiente para borrar toda la mierda de una vez por todas, en el futuro.

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